El ruido conversacional

Malentendidos, supuestos y silencios. Lo que pasa cuando cada uno completa lo que falta a su manera.

“Pensé que cuando dijiste ‘avancemos’ ya estaba tomada la decisión.”

“Creí que esto lo estaba viendo otra persona.”

Frases como estas suelen aparecer cuando algo ya salió distinto de lo esperado. Y muchas veces sorprenden, porque quienes participaron de la conversación estaban convencidos de que había quedado claro.

Todos escuchamos más o menos las mismas palabras y, sin embargo, podemos salir habiendo entendido cosas bastante diferentes.

Ahí aparece algo que podríamos llamar ruido conversacional.

Entre lo que una persona dice y lo que otra entiende siempre hay una brecha. Cada uno escucha desde su experiencia, desde el contexto que tiene, desde lo que sabe y también desde lo que supone.

Por eso usamos palabras que parecen suficientemente claras y cada uno puede estar construyendo algo distinto alrededor de ellas.

Y mientras nadie pregunte, todas esas interpretaciones pueden convivir sin que nos demos cuenta.

Con los silencios pasa algo parecido.

“Como nadie dijo nada, entendí que estábamos de acuerdo.”

Pero el silencio también puede significar que alguien tiene dudas, que necesita más información, que prefiere pensarlo, que no encontró el momento para plantear una diferencia o simplemente que interpretó que todavía no había nada que responder.

El silencio existe. El significado que le damos lo construimos nosotros.

Y ahí empiezan a aparecer los supuestos.

Suponemos que el otro entendió. Suponemos que sabe. Suponemos que está de acuerdo. Suponemos que alguien más se está ocupando. Suponemos incluso por qué alguien hizo o dejó de hacer algo.

El tema es que después actuamos sobre esos supuestos como si fueran información.

Y algo que empezó siendo una interpretación puede terminar impactando en una decisión, una tarea, una relación o incluso en la mirada que construimos sobre otra persona.

Muchas veces el ruido se acumula de esta manera: pequeñas cosas que quedaron abiertas y que cada uno fue completando desde su propia mirada.

Por eso hay una práctica muy sencilla que puede ayudarnos a bajar bastante ese ruido: hacer visible lo que estamos entendiendo antes de seguir avanzando sobre eso.

“Cuando decís que avancemos, ¿querés decir que la decisión ya está tomada?”

“Para asegurarme de que entendí, ¿esto queda a mi cargo?”

“Cuando hablamos de urgente, ¿para cuándo lo necesitás?”

“Nos quedamos todos callados. ¿Estamos de acuerdo o hay algo que todavía necesitamos conversar?”

Preguntar, reformular, pedir un ejemplo o chequear una interpretación puede parecer pequeño. En la práctica, muchas veces evita que descubramos varios días después que estábamos trabajando sobre conversaciones diferentes.

Y como líderes también podemos prestar atención a eso: cuánto espacio generamos para que alguien pregunte, diga “yo entendí otra cosa” o vuelva sobre algo que parecía evidente.

Para llevarte hoy, pensá en alguna conversación que hoy esté abierta en tu equipo:

¿Qué están dando por entendido que valdría la pena volver a poner en palabras?